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 Sagnier
diseñó un edificio con cierto aire gótico
en el que destacan el gran ventanal central, los mosaicos
azulados y el arco apuntado de la entrada, con un magnífico
relieve de Esculapio que recuerda el destino original del
inmueble. Casi al lado de la añeja farmacia se halla
la ANTIGA CASA FIGUERAS
(15) (ANTIGUA CASA FIGUERAS. Rambla, 83), actualmente Pastelería
Escribà, de recargada decoración modernista,
obra de Antoni Ros i Güell (1902), en la que abundan
los mosaicos, los estucados de yeso, los hierros forjados,
las vidrieras y el mobiliario de madera de color chocolate.
No es preciso caminar demasiado para encontrar el MERCAT
DE LA BOQUERIA (16) (MERCADO DE LA BOQUERIA. Rambla,
91), el más célebre y antiguo de la ciudad.
Más o menos en el mismo lugar que ocupa el actual
mercado, se instalaba desde la época medieval un
mercado al aire libre en el que los agricultores de lo que
hoy es el Raval vendían sus productos a los habitantes
de la ciudad amurallada. El actual mercado, famoso por la
calidad de sus mercancías, está ubicado en
el antiguo solar del convento de los Carmelites Descalços
de Sant Josep, incendiado en julio de 1835. El mercado se
erigió cinco años después, en 1840,
como una gran plaza porticada con columnas jónicas
en la que los diferentes mercaderes ambulantes de la ciudad
podían ofrecer sus productos. En 1914 se instaló
la vistosa cubierta metálica diseñada por
el ingeniero Miquel de Bergue, que le confiere su imagen
característica. El mercado y sus alrededores han
sido restaurados en los últimos años con el
objetivo de devolverles el aspecto que tenían a principios
del siglo XX. La Boqueria preside el tramo central de la
Rambla, quizás el más colorista y exuberante,
denominado Rambla de les Flors por los puestos en los que
se venden flores durante todo el año desde el día
del Corpus de 1853.
A pocos metros de la Boqueria se encuentra el PALAU
DE LA VIRREINA (PALACIO DE LA VIRREINA. Rambla, 99),
construido por Josep Ausich entre 1772 y 1778 por encargo
del antiguo virrey de Perú, Manuel Amat i Junyent.
El virrey nunca llegó a disfrutar del edificio, ya
que murió antes de que estuviese acabado. La que
sí lo hizo fue su viuda, la virreina, María
Francisca Fivaller, que, con los años, dio nombre
al palacio. El Ayuntamiento lo adquirió en 1944 y
a finales de los años ochenta del siglo pasado fue
transformado en la sede del área municipal de Cultura.
El edificio es un buen ejemplo de la influencia francesa
en los arquitectos del siglo XVIII. Su poderosa fachada
clásica, suntuosa y barroca, conjuga a la perfección
con una afrancesada ornamentación rococó interior
que tiene su mejor exponente en el comedor, abovedado y
adornado con pinturas alegóricas. El resto de los
salones del edificio han conservado su decoración
antigua, de estilo imperio. La planta baja, donde antaño
se agrupaban los amanuenses que escribían cartas
a quienes no sabían escribir, alberga actualmente
una librería y una oficina de información
al ciudadano. En los bajos del edificio contiguo, en el
número 97, se encuentra una veterana tienda musical,
CASA BEETHOVEN,
fundada en 1880 por el editor musical Rafael Guàrdia.
Rambla arriba se encuentra uno de los edificios románticos
más bonitos de la ciudad, la CASA
FRANCESC PIÑA (Rambla, 105), también
conocida como "el regulador" por la antigua relojería
que ocupa la planta baja, en la actualidad Joyería
Bagués. Este edificio de Josep Fontserè (1850)
destaca por su fachada de terracota pintada de blanco sobre
un estuco de color rosa en la que resaltan especialmente
las falsas columnas con capiteles y los bajorrelieves decorativos
de los pisos superiores.
En la esquina con la calle Carme, encontramos la ESGLÉSIA
DE BETLEM (IGLESIA DE BETLEM. Rambla, 107). Esta
iglesia, construida entre 1680 y 1732 por Josep Juli, es
una de las escasas muestras de arte barroco de Barcelona.
Ahora bien, la estructura del templo es fiel a los cánones
del gótico catalán y presenta una única
y espaciosa nave flanqueada por diferentes capillas. Una
de las puertas que dan a la Rambla, en la que aparece el
Niño Jesús, es obra de Francesc Santacruz,
la otra, posterior, que data de 1906, con Sant Joanet (san
Juan Bautista), es de Enric Sagnier, que se basó
en la anterior. El interior que se puede contemplar hoy
carece de la suntuosidad que caracterizó al templo
hasta la Guerra Civil, cuando sus policromías, tallas,
estucados italianos y mármoles sufrieron un deterioro
irreparable. Desde 1952, la iglesia alberga una imagen de
la Virgen de los Desamparados, de Mariano Benlliure. En
la acera opuesta se encuentra el PALAU
MOJA (PALACIO MOJA. Rambla, 118), una antigua propiedad
de los marqueses de Comillas construida entre 1774 y 1789
por los hermanos Mas i Dordal. La larga fachada de este
palacio, decorada con entrepaños ocres y rojizos,
se alza sobre un pórtico y está rematada por
un sencillo frontón central. El edificio, decorado
con pinturas del pintor neoclásico Francesc Pla,
"el Vigatà", conserva buena parte del mobiliario
original, así como la habitación en la que
vivió el "poeta nacional" catalán
y protegido de los marqueses de Comillas, Jacint Verdaguer.
La familia Comillas estaba emparentada con la familia Güell
y también requirieron los servicios de Antoni Gaudí,
que conoció a Verdaguer y en alguna ocasión
-como en los Pabellones Güell, punto (90) de la Ruta
del Modernismo- se inspiró en su poesía. El
palacio alberga actualmente unas dependencias del Departamento
de Cultura de la Generalitat. En lo que fueron sus jardines
se instalaron en 1935 los populares almacenes SEPU, hoy
ya desaparecidos.
Una pequeña desviación de la ruta principal
nos conducirá por la calle Carme, que "oculta"
dos pequeños tesoros modernistas a escasos metros
de la Rambla: los populares almacenes EL
INDIO (17) (Carme, 24), decorados en 1922 por Vilaró
i Valls, según el más puro estilo modernista
y, un poco más adelante, el bar MUY
BUENAS (18) (Carme, 63), un local que luce una fachada
modernista de madera y conserva buena parte de su mobiliario
original, como la antigua barra de mármol, de más
de un siglo de antigüedad (para más información
véase Salimos, guía de bares y restaurantes
modernistas).
La Ruta prosigue por la Rambla, conocida a esta altura como
la "rambla dels ocells" (rambla de los pájaros),
por los puestos de venta de animales. De camino a la plaza
de Catalunya, la Ruta cuenta con dos citas ineludibles.
La primera es la REIAL
ACADÈMIA DE CIÈNCIES I ARTS (19) (REAL
ACADEMIA DE CIENCIAS Y ARTES. Rambla, 115), construida en
1883 por Josep Domènech i Estapà sobre las
ruinas de un antiguo colegio jesuita. El edificio, pionero
en el uso de recursos ornamentales y estilísticos
que tanto éxito cosecharían años más
tarde con el Modernismo, alberga actualmente, aparte de
la academia, el Teatro Poliorama y el Restaurante Viena,
antigua Casa Mumbrú, y tiene su principal signo de
identidad en el reloj que preside la fachada y del que popularmente
se dice que marca la hora oficial de Barcelona. Otros elementos
de interés de la fachada son la elegante tribuna,
el cimborio y la torre con cúpula que coronan el
edificio y que originalmente era un observatorio meteorológico
y astronómico. La segunda cita en esta zona de la
Rambla es la FARMÀCIA
NADAL (Rambla, 121), inaugurada en 1850 como Farmacia
Masó, que incorpora elementos escultóricos,
cerámicos y esgrafiados de diseño propios
del Noucentisme (movimiento neoclásico postmodernista).
Tras cruzar la Rambla, nos encontramos con
las calles Canuda y Santa Anna. Si entramos por Santa Anna,
podemos ver la CASA
ELENA CASTELLANO (20) (Santa Anna, 21), un edificio
de 1907 de Jaume Torres i Grau en el que destacan las dos
tribunas superpuestas y la ornamentación floral de
la fachada, típicamente modernista. Volviendo a la
calle Canuda, a pocos metros, encontramos el antiguo PALAU
SABASSONA (PALACIO SABASSONA), de origen medieval.
El inmueble es la sede, desde 1836, del ATENEU
BARCELONÈS (21) (ATENEO BARCELONÉS. Canuda,
6), una de las entidades culturales más emblemáticas
de la ciudad. Algunos aspectos de la reforma de 1906, de los
arquitectos Josep M. Jujol i Gibert y Josep Font i Gumà,
todavía se conservan. Hay que destacar tres pequeñas
joyas modernistas: la cabina del ascensor, uno de los primeros
que se instalaron en la ciudad; las salas de lectura de la
biblioteca; y el jardín suspendido, de reminiscencias
románticas. Continuando por la calle Canuda se llega
a la plaza de la Vila de Madrid, en la que se pueden contemplar
los restos de una necrópolis romana descubierta en
1954 durante las obras de urbanización del solar del
antiguo convento de las Carmelites Descalces, demolido tras
la Guerra Civil. La plaza, reformada en el año 2003,
se encuentra sobre una antigua vía de acceso a Barcino,
la ciudad romana, y todavía puede verse un pequeño
fragmento del pavimento original. La vía esta flanqueada
por los restos de monumentos funerarios monolíticos
y por algunas modestas tegulae. La calle Canuda desemboca
en la avenida del Portal de l'Àngel. A unos metros,
veremos el edificio de CATALANA
DE GAS, GAS NATURAL (22) (Portal de l’Àngel,
20-22), una monumental y ecléctica obra de Josep Domènech
i Estapà (1895). El edificio, construido por encargo
de la Sociedad Catalana para el Alumbrado del Gas, alberga
un interesante Museo del Gas en el que se exhiben diferentes
aparatos que muestran la evolución experimentada por
el uso de esta fuente de energía (visitas concertadas,
tel.: 900 150 366).
Retrocedemos un poco por Portal de l'Àngel hasta la
pequeña calle Montsió, en la que encontramos
la popular cervecería modernista
ELS QUATRE GATS (23) (Montsió, 3 bis; para más
información véase Salimos, guía de bares
y restaurantes modernistas). Esta antigua taberna fue uno
de los epicentros artísticos y culturales de la Barcelona
de finales del siglo XIX y principios del XX. Ramon Casas,
Santiago Rusiñol y Pablo Picasso son algunos de los
ilustres personajes que comieron y bebieron en este peculiar
cenáculo, inaugurado en 1897 en los bajos de la neogótica
CASA MARTÍ
(1895-1896), de Josep Puig i Cadafalch. El edificio, de aire
más europeo que catalán, destaca por sus grandes
ventanales ojivales con vidrieras policromadas y por la curiosa
ornamentación de las ventanas y del balcón flamígero.
El exterior también luce esculturas de Eusebi Arnau,
hierros forjados de Manuel Ballarín y, en la peana
de la esquina, la estatua Sant Josep, de Llimona. La que se
puede ver ahora es una reproducción de la original,
que fue destrozada durante la Guerra Civil y recuperada por
el Ayuntamiento en el año 2000. El interior es espectacular:
Ramon Casas pagó de su propio bolsillo las arañas
de lámparas circulares y el mobiliario medieval diseñado
por Puig i Cadafalch. Otro de sus "regalos" fue
la pintura en la que dos hombres, Pere Romeu -el dueño
de la cervecería- y él mismo, aparecen pedaleando
en un tándem; actualmente la que se halla en el establecimiento
es una copia, puesto que el original se encuentra en el MNAC
(punto (34) de la Ruta del Modernismo). El local, que publicó
su propia revista (Pèl & Ploma), se convirtió
en refugio de artistas e intelectuales, como los compositores
Enric Granados e Isaac Albéniz o los jóvenes
pintores Joaquim Mir y Pablo Picasso. Desgraciadamente, el
edificio no se conserva de forma íntegra. El dintel
original de la puerta, obra de Puig i Cadafalch, desapareció
en una de las reformas que el local ha sufrido en su más
que centenaria vida.
Seguimos unos metros hasta la calle n'Amargós,
que desemboca en la calle Comtal y nos lleva a la Via Laietana,
una amplia avenida proyectada en la segunda mitad del siglo
XIX para abrir un acceso al puerto, e inspirada en los modelos
norteamericanos de centros de negocios de entonces. La urbanización
de esta vía se prolongó durante algunas décadas
y en ella pudieron participar los protagonistas del Modernismo,
como Domènech i Montaner y, sobre todo, Josep Puig
i Cadafalch.
Subimos un poco por la Via Laietana y vislumbramos el edificio
del GREMI DELS VELERS
(GREMIO DE LOS TEJEDORES DE VELOS. Via Laietana, 50), sede
gremial de los fabricantes de seda desde 1764. Se trata de
un magnifico edificio barroco decorado con esgrafiados que
representan figuras de atlantes y cariátides. Escondido
tras este edificio, encontramos una de las joyas imprescindibles
del Modernismo de Barcelona: el
PALAU DE LA MÚSICA CATALANA (24). (PALACIO DE
LA MÚSICA CATALANA). El Palau de la Música es
un encargo que el Orfeó Català realizó
en 1904 a Lluís Domènech i Montaner. La primera
piedra del nuevo edificio se colocó el día de
Sant Jordi de 1905 y las obras se prolongaron durante tres
años. El resultado fue una suntuosa sala de conciertos
que estaba llamada a ser el hogar de la música coral
catalana.
Palau de la Música Catalana
Dirección Palau de la Música, 4 - 6. Horario Visitas guiadas:
Todos los días de 10 a 15.30 h.
Agosto de 9 a 20h.
Semana Santa de 10 a 18h.
Posibilidad de comprar entradas con antelación por internet www.palaumusica.cat o por teléfono (tel. 902 475 485). Información Tel.: 902 475 485
www.palaumusica.cat
visites@palaumusica.cat Observaciones Las visitas tienen una duración de 50 minutos.Venta de entradas en la tienda Les Muses del Palau y en las taquillas del Palau de la Música. Plazas limitadas: 55 personas por visita. Las visitas que coinciden con la hora en punto se realizan en inglés, y las que empiezan a la media, en castellano o catalán. Los horarios de visitas podrán sufrir variaciones o anulaciones según la disponibilidad de la sala de conciertos, por lo que se aconseja comprobarlos previamente. Precios y descuentos Precios.
Adultos: 17,00 €
Estudiantes: 11,00 €
Grupos (+ 25 personas): 13,60 €
Descuento de la Ruta del Modernismo: 20% sobre la tarifa de adultos. Descripción PALACIO DE LA MÚSICA CATALANA). El Palau de la Música es un encargo que el Orfeó Català realizó en 1904 a Lluís Domènech i Montaner. La primera piedra del nuevo edificio se colocó el día de Sant Jordi de 1905 y las obras se prolongaron durante tres años. El resultado fue una suntuosa sala de conciertos que estaba llamada a ser el hogar de la música coral catalana. El edificio se erige sobre el solar del antiguo convento de Sant Francesc de Paula. La reducida superficie del solar y el alto precio de los terrenos colindantes en la época obligaron a Domènech i Montaner a encajar el auditorio en una cuadrícula de calles estrechas que limitan su contemplación global desde el exterior y a ingeniárselas para que la caja del escenario tuviera la amplitud necesaria y para que el edificio pudiera albergar las oficinas y los archivos del Orfeó.
La iglesia del antiguo convento, reconvertida en parroquia, sobrevivió hasta que fue demolida para emprender una ampliación. La intervención, firmada por Oscar Tusquets (2003), consistió en la construcción en el solar de la antigua iglesia de una plaza que deja a la vista la inmensa vidriera original de Domènech que antes quedaba escondida en el patio interior que había entre la iglesia y el Palau. La vidriera ha sido flanqueada por dos torres de ladrillo visto, la de la esquina muestra relieves que representan un frondoso árbol esculpido en ladrillo, motivos vegetales inspirados en Domènech i Montaner. En el subsuelo de la gran plaza se ha construido el Petit Palau, una nueva sala polivalente con capacidad para seiscientas personas.
El Palau de la Música, junto con la Pedrera, es considerado uno de los ejemplos supremos del Modernismo catalán por su arquitectura brillante, atrevida y suntuosamente decorada, y hace gala con orgullo del título de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Pero no fue siempre así: el Palau de la Música fue una de las últimas extravagancias del Modernismo y, ya en los años veinte, empezó a ser cuestionado hasta el punto de que los vecinos lo llamaban "el palau de la quincalleria" (el palacio de la quincallería) y los arquitectos de la época abogaban por su demolición. Afortunadamente, nunca consiguieron su propósito y el Palau se ha conservado, convirtiéndose en una institución emblemática íntimamente ligada a la memoria colectiva de los barceloneses.
El Palau de la Música Catalana fue inaugurado en 1908 con un breve concierto en el que se interpretaron piezas de Clavé y Händel. La fachada proyectada por Domènech i Montaner sorprendió a los barceloneses: de obra vista, de bella policromía gracias a la utilización de revestimientos de mosaico cerámico, está presidida, en la esquina, por un espectacular grupo escultórico de Miquel Blay, una enorme proa de piedra que representa una alegoría de la música popular. Es una obra de un gran simbolismo conceptual con dos muchachos y dos ancianos abrazando a una ninfa mientras san Jorge (Sant Jordi) los protege con la bandera catalana ondeando al viento. La fachada también cuenta con un mosaico que representa "La balanguera" del poema de Joan Alcover -que en la actualidad es el himno de Mallorca-, rodeada de los cantantes del Orfeó Català. Otro punto de interés del exterior del Palau son las curiosas taquillas, hoy en desuso, ubicadas en el interior de las columnas que flanquean la puerta principal. Las riquezas continúan en el interior: el recargado vestíbulo, las bóvedas revestidas de azulejos y la escalera doble con balaustres de vidrio dorado constituyen un aperitivo de la auténtica joya del edificio.
En el interior, la sala de conciertos es una embriagadora sucesión de esculturas, vidrieras policromadas, mosaicos y elementos decorativos que juegan, constantemente, con la percepción de la luz y el color. La imagen más famosa de la sala es la enorme y espectacular claraboya de vidrio coloreado con forma de campana invertida, de una tonelada de peso. Esta maravilla del arte suntuario representa un coro de ángeles femeninos rodeando al sol. La obsesión por la luz de Domènech i Montaner no se limita a la claraboya: diseñó la sala con una liviana estructura de acero creando una especie de caja de cristal que filtra la luz exterior a través de unas vidrieras que recrean la atmósfera de las catedrales góticas y confieren cierto aire sacro al auditorio. El escenario de la sala es, sin duda alguna, la escultura más espectacular del Palau. El proscenio acoge un curioso conjunto realizado en piedra pómez diseñado por Domènech i Montaner pero labrado por Dídac Massana y Pau Gargallo. A la izquierda, el conjunto cuenta con un busto de Josep Anselm Clavé y una alegoría de las flores de mayo, que representan la música popular. A la derecha, el busto de Beethoven personifica la música universal. Por encima del busto de Beethoven, las valquirias de Wagner cabalgan hacia Clavé, simbolizando la relación de la nueva música con la antigua cultura musical popular catalana. El escenario se completa con un espectacular órgano de factura alemana (restaurado en el año 2004 gracias a una campaña de suscripción ciudadana) y el hemiciclo, diseñado por Eusebi Arnau y realizado en trencadís, en el que destacan las dieciocho esculturas que representan los espíritus de la música y un sorprendente escudo de Austria. Una balconada y una columnata de influencia egipcia contribuyen, modestamente, a embellecer la perspectiva de la sala, verdadero santuario de la música, en la que han actuado intérpretes de la categoría de Rubinstein, Menuhin o Pau Casals. En la sala también destacan los motivos florales, que presiden todos los elementos ornamentales, tanto en el techo como en las vidrieras, y las lámparas de aire medieval, más propias de un castillo que de una sala de conciertos. Otros espacios del edificio dignos de atención son la sala de música de cámara, en la que todavía se puede contemplar la primera piedra del edificio, y la sala de descanso Lluís Millet, quizás la estancia que se conserva más fiel al proyecto original de Domènech i Montaner.
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El edificio se erige sobre el solar del
antiguo convento de Sant Francesc de Paula. La reducida
superficie del solar y el alto precio de los terrenos colindantes
en la época obligaron a Domènech i Montaner
a encajar el auditorio en una cuadrícula de calles
estrechas que limitan su contemplación global desde
el exterior y a ingeniárselas para que la caja del
escenario tuviera la amplitud necesaria y para que el edificio
pudiera albergar las oficinas y los archivos del Orfeó.
La iglesia del antiguo convento, reconvertida en parroquia,
sobrevivió hasta que fue demolida para emprender
una ampliación. La intervención, firmada por
Oscar Tusquets (2003), consistió en la construcción
en el solar de la antigua iglesia de una plaza que deja
a la vista la inmensa vidriera original de Domènech
que antes quedaba escondida en el patio interior que había
entre la iglesia y el Palau. La vidriera ha sido flanqueada
por dos torres de ladrillo visto, la de la esquina muestra
relieves que representan un frondoso árbol esculpido
en ladrillo, motivos vegetales inspirados en Domènech
i Montaner. En el subsuelo de la gran plaza se ha construido
el Petit Palau, una nueva sala polivalente con capacidad
para seiscientas personas.
El Palau de la Música, junto con la Pedrera, es
considerado uno de los ejemplos supremos del Modernismo
catalán por su arquitectura brillante, atrevida y
suntuosamente decorada, y hace gala con orgullo del título
de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Pero no fue siempre
así: el Palau de la Música fue una de las
últimas extravagancias del Modernismo y, ya en los
años veinte, empezó a ser cuestionado hasta
el punto de que los vecinos lo llamaban "el palau de
la quincalleria" (el palacio de la quincallería)
y los arquitectos de la época abogaban por su demolición.
Afortunadamente, nunca consiguieron su propósito
y el Palau se ha conservado, convirtiéndose en una
institución emblemática íntimamente
ligada a la memoria colectiva de los barceloneses.
El Palau de la Música Catalana fue inaugurado en
1908 con un breve concierto en el que se interpretaron piezas
de Clavé y Händel. La fachada proyectada por
Domènech i Montaner sorprendió a los barceloneses:
de obra vista, de bella policromía gracias a la utilización
de revestimientos de mosaico cerámico, está
presidida, en la esquina, por un espectacular grupo escultórico
de Miquel Blay, una enorme proa de piedra que representa
una alegoría de la música popular. Es una
obra de un gran simbolismo conceptual con dos muchachos
y dos ancianos abrazando a una ninfa mientras san Jorge
(Sant Jordi) los protege con la bandera catalana ondeando
al viento. La fachada también cuenta con un mosaico
que representa "La balanguera" del poema de Joan
Alcover -que en la actualidad es el himno de Mallorca-,
rodeada de los cantantes del Orfeó Català.
Otro punto de interés del exterior del Palau son
las curiosas taquillas, hoy en desuso, ubicadas en el interior
de las columnas que flanquean la puerta principal. Las riquezas
continúan en el interior: el recargado vestíbulo,
las bóvedas revestidas de azulejos y la escalera
doble con balaustres de vidrio dorado constituyen un aperitivo
de la
auténtica joya del edificio.
En el interior, la sala de conciertos es una embriagadora
sucesión de esculturas, vidrieras policromadas, mosaicos
y elementos decorativos que juegan, constantemente, con
la percepción de la luz y el color. La imagen más
famosa de la sala es la enorme y espectacular claraboya
de vidrio coloreado con forma de campana invertida, de una
tonelada de peso. Esta maravilla del arte suntuario representa
un coro de ángeles femeninos rodeando al sol. La
obsesión por la luz de Domènech i Montaner
no se limita a la claraboya: diseñó la sala
con una liviana estructura de acero creando una especie
de caja de cristal que filtra la luz exterior a través
de unas vidrieras que recrean la atmósfera de las
catedrales góticas y confieren cierto aire sacro
al auditorio. El escenario de la sala es, sin duda alguna,
la escultura más espectacular del Palau. El proscenio
acoge un curioso conjunto realizado en piedra pómez
diseñado por Domènech i Montaner pero labrado
por Dídac Massana y Pau Gargallo. A la izquierda,
el conjunto cuenta con un busto de Josep Anselm Clavé
y una alegoría de las flores de mayo, que representan
la música popular. A la derecha, el busto de Beethoven
personifica la música universal. Por encima del busto
de Beethoven, las valquirias de Wagner cabalgan hacia Clavé,
simbolizando la relación de la nueva música
con la antigua cultura musical popular catalana. El escenario
se completa con un espectacular órgano de factura
alemana (restaurado en el año 2004 gracias a una
campaña de suscripción ciudadana) y el hemiciclo,
diseñado por Eusebi Arnau y realizado en trencadís,
en el que destacan las dieciocho esculturas que representan
los espíritus de la música y un sorprendente
escudo de Austria. Una balconada y una columnata de influencia
egipcia contribuyen, modestamente, a embellecer la perspectiva
de la sala, verdadero santuario de la música, en
la que han actuado intérpretes de la categoría
de Rubinstein, Menuhin o Pau Casals. En la sala también
destacan los motivos florales, que presiden todos los elementos
ornamentales, tanto en el techo como en las vidrieras, y
las lámparas de aire medieval, más propias
de un castillo que de una sala de conciertos. Otros espacios
del edificio dignos de atención son la sala de música
de cámara, en la que todavía se puede contemplar
la primera piedra del edificio, y la sala de descanso Lluís
Millet, quizás la estancia que se conserva más
fiel al proyecto original de Domènech i Montaner.
Rodeando el Palau por las calles Amadeu Vives y Ortigosa,
volvemos a la Via Laietana. Ante nosotros encontraremos
un edificio de forma triangular, denominado
CAIXA DE PENSIONS I D’ESTALVIS DE BARCELONA
(Via Laietana, 56-58), porque fue la antigua sede de la
actual Fundación "la Caixa", y que ahora
acoge una sala del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.
Esta obra neomedieval (Enric Sagnier, 1917) luce en su fachada
una escultura de Manuel Fuxà, concebida como una
alegoría del ahorro, y un espectacular arco ojival
cerrado con vidrieras policromadas. Separado de éste
por la calle Jonqueres se encuentra el EDIFICI
ANNEX DE LA CAIXA DE PENSIONS (EDIFICIO ANEXO DE
LA CAIXA DE PENSIONS. Jonqueres, 2), también diseñado
por Sagnier, en el que el arquitecto insistió en
el uso de piedra blanca, decorada con azulejos. No obstante,
ya se advierten unas líneas más modernas,
más cercanas a los actuales edificios de oficinas,
ya que, de hecho, es uno de los primeros ejemplos de este
tipo de edificios en nuestra ciudad.
Cruzamos la Via Laietana y torcemos a la derecha, camino
de la plaza de Urquinaona. Desde esta plaza, la Ruta sigue
a la izquierda camino de la plaza de Catalunya, centro neurálgico
de la ciudad. La construcción de esta monumental
plaza circular se inició en 1925 tras medio siglo
de diferentes litigios entre el Ayuntamiento, el Estado
y los propietarios particulares de los terrenos que durante
años fueron la frontera entre la antigua ciudad amurallada
y la nueva urbe que se expandía por el llano. El
diseño definitivo de la plaza fue firmado por Francesc
de Paula Nebot, que se limitó a transformar un proyecto
de Puig i Cadafalch, que, por aquel entonces, se veía
condenado al ostracismo por el régimen militar de
Primo de Rivera. Precisamente podemos observar en la plaza,
en la esquina con Rambla de Catalunya, una obra de Josep
Puig i Cadafalch realizada en 1921 según los cánones
del clasicismo moderno: la CASA
PICH I PON (plaza de Catalunya, 9). La plaza de Catalunya
marca el inicio del paseo de Gràcia y del Eixample,
el auténtico hábitat del Modernismo barcelonés.
En el centro de la plaza se encuentra la Oficina de Información
de Turismo de Barcelona, punto de inicio de los itinerarios
Walking Tours Modernismo y sede de uno de los Centros del
Modernismo de Barcelona. El Centro, en el que con esta guía
se pueden obtener gratuitamente los vales de descuento de
la Ruta del Modernismo, está especializado en información
sobre este movimiento y en la tienda adyacente se pueden
comprar productos relacionados con el mismo.
Centre d’Informació de Turisme de Barcelona - Centre del Modernisme
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Barcelona Walking Tours
Dirección Centro de Información de Turismo de Barcelona. Pl. de Catalunya, 17, sótano. Horario Itinerarios Barcelona Walking Tours Modernismo:
Inglés: viernes y sábado a las 16h.
Catalán y castellano: sábados a las 16.30h.
De junio a septiembre, a las 18h.
El 1 y el 6 de enero, y el 25 y el 26 de diciembre no se realizan itinerarios. Centro de Información de Turismo de Barcelona: de lunes a domingo de 8.30 a 20.30 horas. Cerrado el 1 de enero y el 25 de diciembre. El 26 de diciembre abierto de 9 a 15 horas, y el 6 de enero, de 15 a 21 horas. Información Tel.: 932 853 832. www.barcelonaturisme.com Precios y descuento Precios: Adultos: 15,00 €. Niños (de 4 a 12 años): 5,00 €. Descuento de la Ruta del Modernismo: 20% sobre la tarifa de adultos y de niños. |
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El paseo de Gràcia es la columna vertebral
del Eixample. Se trata de un bulevar en el que se mezclan
casas particulares, oficinas y bancos, cines, establecimientos
de prestigio, cafés y buena parte de las joyas del
Modernismo. Antiguamente, el paseo era un simple camino de
tierra que comunicaba las murallas de Barcelona con la vecina
villa de Gràcia. Una condición que empezó
a cambiar en 1827, cuando se convirtió en un paseo
arbolado. En 1852 el paseo estrenó las primeras farolas
de gas, y en 1853 se inauguraron, en el tramo comprendido
entre las actuales calles Aragó y Mallorca, los Camps
Elisis, una amplia zona de ocio que contaba con jardines,
cantinas, merenderos, salas de fiesta, montañas rusas
y un auditorio al aire libre. En 1872 se instaló la
primera línea de tranvías de caballos y a partir
de 1890 se convirtió en el nuevo centro residencial
de la alta burguesía.
L’Eixample
La Barcelona del Eixample empezó
a gestarse a mediados del siglo XIX. En
1854, la ciudad consiguió la necesaria
autorización gubernamental para
derribar las murallas que rodeaban Barcelona.
La murallas, poco queridas por los barceloneses
porque después de 1714 habían
sido usadas para controlar y reprimir
la ciudad más que para defenderla,
se alzaban ocupando lo que hoy son la
avenida del Paral·lel y las rondas
de Sant Pau, de Sant Antoni, de la Universitat,
de Sant Pere y el paseo de Lluís
Companys. Sin embargo, y pese a las cuadrillas
de voluntarios que se sumaron con entusiasmo
a picar piedra, las odiadas murallas no
cayeron inmediatamente. Su demolición
duró casi diez años y fue
llevada a cabo a conciencia. Cuatro años
después, en 1859, con las murallas
a medio derruir, se inició la urbanización
de la zona comprendida entre la Barcelona
vieja y el llano en el que se encontraban
los antiguos municipios de Gràcia,
Sants, Les Corts, Sant Gervasi de Cassoles
y Sant Martí de Provençals.
Esta zona inicial del Eixample coincidía
con la zona de seguridad militar de dos
kilómetros (la distancia de alcance
de los proyectiles de cañón)
que rodeaba las murallas de la ciudad.
El Eixample se caracteriza por su trama
urbana en forma de cuadrícula,
diseñada por el ingeniero y urbanista
Ildefons Cerdà en 1859. El diseño
de Cerdà recordaba ligeramente
al París que Haussman diseñó
para Napoleón III, con amplios
bulevares que cortaban literalmente el
centro antiguo de la capital francesa.
La principal diferencia era que a Cerdà
no le hacía falta esponjar núcleo
urbano alguno. Se enfrentaba a una extensa
zona de campo abierto, un auténtico
sueño para cualquier urbanista.
Cerdà, hombre de inspiración
socialista, ideó una cuadrícula
urbana en la que cada bloque representara
la sociedad y permitiera la convivencia
de burgueses, artesanos, comerciantes
y obreros en una ciudad sin jerarquías.
Sin embargo, este ideal de Cerdà
nunca pasó de ser una utopía.
Las leyes inmobiliarias hicieron que,
rápidamente, unas zonas del Eixample
fueran más caras y exclusivas que
otras. La frontera la marcaba la línea
de ferrocarril que, desde 1863, unía
la plaza de Catalunya y el pueblo de Sarrià
por la actual calle Balmes (soterrada
en 1929, y que actualmente recorren las
líneas U6 y U7 de los Ferrocarrils
de la Generalitat de Catalunya). A la
izquierda de las vías el terreno
era más barato; a la derecha, mucho
más caro. La arquitectura modernista,
al servicio de la vanidad de la floreciente
burguesía del momento, se concentra
mayoritariamente, por lo tanto, en el
barrio denominado Dreta del Eixample (derecha
del Eixample).
Esta divergencia entre el proyecto de
Cerdà y la realidad no es la única
que ha vivido el Eixample. Cerdà
proyectó 550 manzanas separadas
por calles de veinte metros: manzanas
abiertas con amplios jardines interiores,
con las esquinas recortadas en chaflanes
de 45 grados. La función de los
chaflanes era dejar espacio suficiente
de giro a los vehículos de transporte
público y crear un lugar para la
carga y descarga de mercancías.
Pero, con excepción de los chaflanes,
ninguna de las previsiones originales
se ha cumplido. Las manzanas actuales
están cerradas y los patios con
jardín del interior de las manzanas
han desaparecido casi por completo, ocupados
por almacenes o garajes. Tampoco fueron
respetados ni los diecisiete metros de
altura máxima ni los 4.000 m2 de
superficie edificable previstos por Cerdà.
Los promotores inmobiliarios se saltaron
la previsión del urbanista y elevaron
la superficie edificable hasta los 16.000
m2.
La construcción del nuevo barrio
proyectado por Cerdà, iniciada
en 1860, fue lenta y discontinua. Los
primeros edificios del Eixample fueron
los que ocuparon las cuatro esquinas de
la confluencia de la calle Roger de Llúria
y Consell de Cent (hoy tres de ellos aún
permanecen en pie). En 1872, tan sólo
había unas mil viviendas concentradas
casi exclusivamente en la zona comprendida
entre el paseo de Gràcia y las
calles Consell de Cent, Casp y Bailèn.
Unas mil casas en las que vivían
los primeros 40.000 habitantes de un barrio,
el Eixample, que no empezó a crecer
de forma sostenida hasta 1880, cuando
una nueva generación de arquitectos,
más ambiciosa y con más
talento que sus predecesores, lideró
la construcción del Eixample. Estos
arquitectos (con Gaudí, Puig i
Cadafalch y Domènech i Montaner
a la cabeza) convirtieron el Eixample
en un auténtico museo al aire libre
construyendo viviendas ventiladas, soleadas
y bien distribuidas, lo que ahora denominaríamos
como funcionales. En pocas palabras, las
casas del Eixample fueron las casas más
modernas de los albores del siglo XX,
y pese a las alteraciones del proyecto
de Cerdà, el Eixample es hoy una
de las áreas más interesantes
de Europa. En los últimos años
se han recuperado algunos interiores de
manzana por iniciativa del Ayuntamiento.
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Su carácter de zona acomodada se pone de manifiesto
en uno de los elementos más singulares del paseo: sus
31 bancos-farolas, proyectados en 1906 por Pere Falqués
(55) y que actualmente pasan un poco desapercibidos entre
el mobiliario urbano y la marea de tráfico que invade
diariamente el paseo de Gràcia. Otro de los elementos
característicos son los panots (baldosas) de la acera,
copia de las baldosas diseñadas por Gaudí, concebidas
para el suelo de la Casa Batlló y que, finalmente,
fueron instaladas en las cocinas de los pisos de la Pedrera.
En el año 2002, el Ayuntamiento pavimentó el
paseo de Gràcia con estos panots, unas losetas hexagonales
idénticas, monocromas, en las que se descubren motivos
marinos cuando son contempladas en conjuntos de seis piezas:
un pulpo, un caracol y una estrella de mar. La baldosa original,
producida por la empresa Escofet, fue uno de los primeros
pavimentos decorados proyectados para ser producidos en serie.
Las maravillas arquitectónicas del paseo de Gràcia
comienzan casi desde su inicio con la CASA
PASCUAL I PONS (25) (paseo de Gràcia, 2-4),
(al cerrar esta edición se iniciaba su restauración),
la obra más gótica de Enric Sagnier i Villavecchia,
uno de los arquitectos más prolíficos del
Modernismo barcelonés. El principal interés
del edificio está en su interior: unas vidrieras
emplomadas que representan unos personajes medievales, visibles
desde el exterior; la escalera con ornamentos escultóricos
y lámparas de hierro y cristal; y una noble chimenea
de madera. La Casa Pascual i Pons, construida en 1890-1891,
estaba compuesta originariamente por dos casas independientes
concebidas de forma unitaria para explotar su excepcional
situación urbanística, en la esquina de la
plaza de Catalunya con el paseo de Gràcia. El conjunto
fue reformado profundamente en 1984. Seguimos por el paseo
de Gràcia hasta la calle Casp, por donde merece la
pena desviarse unos minutos.
El primer inmueble destacable que nos sale
al paso en este tramo de la Ruta es la modernista CASA
LLORENÇ CAMPRUBÍ (26) (Casp, 22), obra
de Adolf Ruiz i Casamitjana (1901). Con una extraordinaria
tribuna que ocupa el principal y el primer piso de la finca,
la Casa Camprubí es un buen ejemplo de la obra de Ruiz
de finales de siglo, una época en la que este arquitecto
realizó una interpretación muy personal de un
amplio repertorio de formas y elementos neogóticos.
La siguiente cita de nuestra desviación por la calle
Casp es la CASA SALVADÓ
(Casp, 46), una alternativa ecléctica de Juli Batllevell
construida en un momento (1904) y en una zona de la ciudad
dominados por el Modernismo. En el portal contiguo se encuentra
la CASA CALVET
(27) (Casp, 48), obra de Antoni Gaudí. El arquitecto
inició su primer edificio de viviendas en 1898, en
pleno Eixample y según una línea que fue ampliamente
seguida por autores de otras casas con profusión de
elementos barrocos o rococós, como las formas onduladas
y el peculiar tratamiento de la irregular superficie de piedra
arenisca de Montjuïc, los balcones o las tribunas. En
la Casa Calvet, Gaudí dio un tratamiento diferenciado
a cada uno de los elementos que conforman el edificio. La
fachada está presidida por una tribuna barroca con
barandillas de hierro forjado y relieves que representan diferentes
tipos de setas en homenaje a la afición a la micología
de Eduard Calvet, el primer propietario del inmueble. La decoración
de la tribuna incluye un escudo de Cataluña y un ciprés,
símbolo de hospitalidad. También merece la pena
fijarse en el vestíbulo de la entrada y en el de los
bajos, actualmente transformados en el restaurante Casa Calvet
(es necesario reservar mesa: tel. 934 124 012. Para más
información véase Salimos, guía de bares
y restaurantes modernistas). En el interior del restaurante
se conserva el mobiliario del despacho original del negocio
textil de los Calvet. Entre otras piezas destacan las lámparas,
los bancos del recibidor y los bancos de cortesía adosados
al muro, las mamparas de madera que separaban los diferentes
despachos, los picaportes y las vigas del techo.
De vuelta al paseo de Gràcia, nos encontramos con
el edificio de las CASES
ROCAMORA (28) (paseo de Gràcia, 6-14). Este
edificio es, junto con la Casa de les Punxes, de Puig i Cadafalch,
uno de los conjuntos arquitectónicos de mayores dimensiones
de todo el Eixample. Contrariamente a lo habitual en la época,
su solar no se dividió en diferentes inmuebles, sino
que se construyó un único volumen arquitectónico
para enfatizar la magnificencia del edificio. La obra, de
marcado estilo neogótico, fue firmada en 1914 por los
hermanos Bassegoda (Joaquim y Bonaventura), que dedicaron
una especial atención al tratamiento de la piedra de
la fachada y al singular conjunto de tribunas de la esquina
con la calle Casp.
La Ruta prosigue subiendo por el paseo de Gràcia hasta
llegar a la Gran Via de les Corts Catalanes, una de las tres
arterias viarias que Cerdà diseñó para
atravesar y comunicar toda la cuadrícula del Eixample
-las otras dos son la Diagonal y la Meridiana-. El cruce con
el paseo de Gràcia está presidido por dos edificios
singulares pese a no ser modernistas. A la izquierda se halla
el PALAU MARCET
(PALACIO MARCET. Paseo de Gràcia, 13), un palacio urbano
construido en 1887 por Tiberi Sabater que años más
tarde, en 1934, fue transformado en un teatro y hoy alberga
varias salas de cine. A la derecha se puede contemplar la
ondulada y racionalista fachada decorada con paveses de vidrio
de la JOIERIA ROCA
(JOYERÍA ROCA. Paseo de Gràcia, 18), una tienda
diseñada por Josep Lluís Sert en 1934.
Una desviación, a la izquierda, por
la Gran Via de les Corts Catalanes en dirección a la
plaza de Espanya, nos conduce a varios edificios de interés,
pero primero encontramos la ecléctica CASA
PIA BATLLÓ (Rambla de Catalunya, 17), un edificio
neogótico de Josep Vilaseca (1896) que hace esquina
y está rematado por dos torres de cerámica vidriada
coronadas con miradores de hierro forjado. Tras haber dejado
atrás el monumental cine Coliseum y el edificio neoclásico
de la Universidad de Barcelona (Elies Rogent, 1891), podremos
observar, en la acera de enfrente, la CASA
GERÓNIMO GRANELL (29) (Gran Via de les Corts
Catalanes, 582), del arquitecto Gerónimo F. Granell
i Barrera, edificio que fue totalmente restaurado en el año
2004 resaltando los elementos modernistas originales de 1902,
entre los que destaca la tribuna que rompe de forma deliciosa
la simetría de la fachada.
Más adelante, en la esquina con Villarroel, encontramos
un CONJUNT DE TRES
EDIFICIS (30) (CONJUNTO DE TRES EDIFICIOS. Gran Via
de les Corts Catalanes, 536-542; Villarroel, 49-51), modernistas
pero de autor desconocido, en el que se encuentra la FARMÀCIA
MESTRE que mantiene gran parte de la decoración
original de 1903, especialmente en puertas y escaparates.
Dos calles más adelante, en la esquina con la calle
Comte Borrell, vale la pena dedicar unos instantes a la FARMÀCIA
MADROÑAL (Comte Borrell, 133), de 1901, con
elementos modernistas.
Muy cerca, en la acera opuesta, encontramos la CASA
GOLFERICHS (31) (Gran Via de les Corts Catalanes, 491),
un chalé modernista construido en 1901 por Joan Rubió
i Bellvé para Macari Golferichs, un comerciante de
madera exótica. Convertida después de la Guerra
Civil en escuela religiosa, la adquirió, a finales
de los sesenta, un promotor privado con la intención
de derribarla y construir pisos en su lugar, pero las insistentes
protestas vecinales evitaron que "el xalet" (el
chalé) -como se la denomina en el barrio- desapareciera
por la especulación. En 1980 el Ayuntamiento de Barcelona
recuperó la propiedad del inmueble para instalar en
él un centro cívico y ha ido realizando varias
intervenciones hasta que se completó su restauración
en el año 2004.
Siguiendo por la misma acera encontramos la CASA
DE LA LACTÀNCIA (32) (Gran Via de les Corts
Catalanes, 475-477), un bello edificio de tonos azules con
un relieve escultórico que hace referencia al primitivo
uso del edificio. La casa, proyectada por Antoni de Falguera
i Sivilla y por Pere Falqués i Urpí entre 1908
y 1913, destaca por el patio central decorado con cerámicas
y coronado por una claraboya que le da una gran luminosidad.
Llegando a la plaza de Espanya, pasamos por la
CASA FAJOL (33) (Llançà, 20), de Josep
Graner i Prat (1912), conocida popularmente como "la
casa de la papallona" (la casa de la mariposa) por el
remate de trencadís que representa una mariposa de
descomunales líneas curvas que, sin duda, distingue
al edificio.
Por la Gran Via de les Corts llegamos a la plaza de Espanya,
punto de confluencia de importantes arterias de la ciudad,
y entramos en el distrito de Sants-Montjuïc, una zona
de aroma tradicional en la que todavía se respira su
pasado industrial y obrero. Quizás por esta razón
el Modernismo a duras penas dejó huella en él,
excepto en algunos edificios emblemáticos. En medio
de la plaza se encuentra la FONT
COMMEMORATIVA DE L’EXPOSICIÓ DE 1929 (FUENTE
CONMEMORATIVA DE LA EXPOSICIÓN. Plaza de Espanya, s/n),
de Josep M. Jujol, la cual, aunque fue construida para adornar
la plaza que daba entrada a la Exposición Internacional
de Barcelona de 1929, no se terminó a tiempo. La fuente,
considerada de estilo ecléctico, cuenta con grupos
escultóricos de Miquel Blay y de los hermanos Miquel
y Llucià Oslé.
Subimos al Palau Nacional por la avenida
de la Reina Maria Cristina; si dicha avenida estuviera cerrada
al público a causa de los actos feriales de la Fira
de Barcelona (consúltese llamando al tel. 010), tendremos
que subir por la calle Mèxic. Seguimos hacia arriba
por ESCALES I EL MIRADOR
DEL PALAU NACIONAL, (LAS ESCALERAS Y EL MIRADOR DEL
PALACIO NACIONAL), eje central de la exposición de
1929 proyectado por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch,
con tres plazas dispuestas a diferentes niveles, unidas por
los tramos de escalera y por una caída de agua en cascada
en el centro siguiendo una cuidada simetría. En la
primera plaza se encuentra la FONT
MÀGICA (FUENTE MÁGICA), obra del ingeniero
Carles Buïgas construida en 1929. La fuente se ganó
este apelativo popular ya durante la exposición por
el espectacular juego de chorros de agua y luces de colores
que aún hoy se puede ver (consúltense los horarios
llamando al 010). Subiendo las escaleras llegamos a la plaza
del Marquès de Foronda y encontramos, a un lado, el
PALAU D’ALFONS
XIII (PALACIO DE ALFONS XIII) y, al otro, el PALAU
DE LA REINA VICTÒRIA EUGÈNIA (PALACIO
DE LA REINA VICTORIA EUGENIA), proyectados en 1918 por Josep
Puig i Cadafalch, que fueron pabellones de la Exposición
de 1929 y hoy en día lo son de la Fira de Barcelona.
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