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Park Güell

El sueño urbanístico fracasado de Gaudí. El actual Park Güell, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1984, sólo conserva las pocas construcciones acabadas del gran proyecto de Gaudí. La operación urbanística más atrevida de la Barcelona de finales del siglo XIX fue una idea de Eusebi Güell, que compró en 1899 una antigua finca rural de quince hectáreas, denominada Can Muntaner de Dalt, para convertirla en una ciudad-jardín inspirada en precedentes ingleses, como los de Ebenezer Howar (motivo por el cual recibió el nombre de park, en inglés). El encargado de hacer realidad este proyecto de urbanismo paisajístico del conde de Güell fue Antoni Gaudí.

El proyecto de Gaudí contemplaba la construcción de alrededor de unas sesenta casas en parcelas, con una extensa zona verde comunitaria. La urbanización se inició en 1900 y se detuvo definitivamente en 1914. Gaudí, siguiendo el deseo de Güell, ideó un retiro bucólico que debía servir de residencia a la burguesía barcelonesa más selecta. Su situación, en la falda de la montaña y lejos de la ciudad, parecía idónea para simbolizar la metáfora de la ascensión al paraíso, al edén. El proyecto, sin embargo, fue un fracaso total. Aparte de la parcela que adquirió el propio contratista de las obras, sólo se vendieron dos parcelas a un único comprador, que sólo edificó un chalé. Se llegaron a construir las tres cruces, que marcaban el lugar en el que se tenía que erigir una capilla; los dos pabellones de entrada; los muros de contención y toda la infraestructura viaria alrededor de una gran plaza sustentada por columnas. Pero frente al desastre financiero de la operación, los herederos de Eusebi Güell, fallecido en 1918, vendieron el solar al Ayuntamiento, que lo convirtió en un parque público. Las prodigiosas estructuras levantadas entre la vegetación mediterránea son una curiosa mezcla de fantasía y espiritualidad, salpicada de emblemas patrióticos por el catalanista insobornable que era Gaudí. En esta obra el arquitecto abandonó todo historicismo para formular con valentía un lenguaje propio que va desde la inspiración en formas naturales hasta un lenguaje plástico sorprendentemente vanguardista. La puerta principal del Park Güell, abierta en un muro de ladrillo decorado con mosaicos, está protegida por una reja de hierro forjado y flanqueada por dos sugerentes pabellones inspirados en el cuento "Hansel y Gretel", que se había representado en forma de ópera en el Liceu a finales de 1900, cuando Gaudí se embarcaba en el proyecto del Park Güell. El pabellón de la izquierda, con una doble cruz en el techo, representa la casa de los niños, Hansel y Gretel. La planta baja cuenta con una librería y una tienda de recuerdos. El de la derecha, más grande y coronado por una seta venenosa, es el de la bruja, y era la antigua casa del conserje del parque, y acoge en la actualidad el Centro de Interpretación del Park Güell del Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona. La planta baja, con información sobre la obra de Gaudí, es de acceso libre. En el piso superior, adquiriendo una entrada, se puede ver la distribución de la construcción y la antigua vivienda del conserje, además de la exposición "Gaudí y el Park Güell. Arquitectura y naturaleza". Pasados los dos pabellones, a la derecha, puede verse una gruta que recuerda la cripta del monasterio de Sant Pere de Rodes, y que servía para proteger a los carruajes y a los caballos en los días de lluvia. La escalera principal está partida en dos por un centro de agua en el que reina el famoso dragón multicolor de trencadís de cerámica esmaltada. En la parte de arriba de la escalera se encuentra la sala hipóstila, también conocida como la de las cien columnas pese a no tener más que 86. Esta sala, destinada originalmente a albergar el mercado de la urbanización, fue decorada por Josep Maria Jujol, colaborador habitual de Gaudí, quien le dio carta blanca para hacer lo que quisiera. El resultado fue excepcional: un techo ondulante de mosaico con variadas incrustaciones formando unas caprichosas espirales. Con la restauración de esta zona, en 1992, se colocaron unas lámparas en las bases de las columnas que, de noche, transforman la sala en una especie de templo griego espectacular. De la sala hipóstila salen dos caminos que nos llevan a la gran plaza circular, un privilegiado mirador sobre la ciudad. La plaza, según el proyecto inicial de Gaudí, tenía que recoger el agua de lluvia que, convenientemente canalizada por las columnas de la sala hipóstila, iba a parar a un inmenso depósito de 12.000 metros cúbicos (cerrado al público). La plaza está rodeada por un serpenteante banco de trencadís en el que la imaginación combinada de Gaudí y Jujol consiguió una audacia extraordinaria que algunos especialistas consideran precursora del arte abstracto. El banco es una sinfonía de colores: el verde, el azul y el amarillo aparecen combinados de diferentes maneras, y con forma de lunas, estrellas y flores abstractas. El color, sin embargo, va desapareciendo gradualmente de izquierda a derecha, hasta que predomina el color blanco, símbolo de pureza. La obra parece querer insinuar que la vida humana es una sinfonía de colores que culmina en el blanco, con el cielo. No obstante, el color no es del todo blanco: Gaudí empleó un material que había sido rechazado en otras edificaciones, como la Casa Batlló, precisamente por esta "impureza" de color. En la restauración del banco de 1995, se quiso mantener esta imperfección utilizando hasta veintiuna tonalidades diferentes de blanco al restituir las partes más deterioradas del mismo. Otras construcciones sorprendentes del Park Güell son los puentes y los pasos bajo los viaductos, con columnas torcidas, que hacen que parezcan grutas. El cuarto pórtico que conecta la parte superior con la inferior es quizás la estructura más especial, con paredes y arcos inclinados de aire surrealista. La cumbre de la colina donde está situado el parque está coronada por un calvario monumental formado por tres cruces que se encuentra en el lugar donde Gaudí tenía previsto construir una iglesia. También en este lugar el autor se dejó llevar por la fantasía: si miramos hacia el este -es decir, en dirección a la ciudad de Jerusalén-, la perspectiva hace que las tres cruces, al estar en fila, se conviertan en una. Éste es el punto final del ascenso: la cruz es el último símbolo.

El Park Güell fue reconocido como Bien Cultural de Interés Nacional en 1969 y fue inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1984.
Esta distinción se otorga a todos los espacios naturales y bienes culturales del mundo de gran valor a proteger para garantizar su conservación, y que las generaciones futuras puedan seguir disfrutando.
Esta misión no se podría llevar a cabo sin una tarea constante de conservación, restauración y protección de este bien de interés cultural.
En ocasiones estas obras pueden alterar de alguna forma la visita, sin embargo, son imprescindibles para mejorar el estado y preservación del patrimonio del parque.
Para más información sobre las posibles afectaciones, consulte https://parkguell.barcelona/es/estado-de-las-obras-de-restauracion.

 


Actuaciones de la Campaña Barcelona, posa't guapa

Restauración de la escalera central.


Horarios

Del 31 de octubre al 14 de febrero, de 9.30 a 17.30 h

Del 15 de febrero al 27 de marzo, de 9.30 a 18 h

Del 28 de marzo al 30 de octubre, de 9.30 a 19.30 h

Del 31 de octubre al 31 de diciembre, de 9.30 a 17.30 h


Precios y descuentos

Entrada general: 10 €.

Con el descuento de la Ruta del Modernismo: 8 €.

Descuento aplicable únicamente en el precio de la entrada general, y no es acumulable con otras reducciones y tarifas.


Más información

Tel.934 091 831
https://parkguell.barcelona/es
parkguell@bsmsa.cat


Los horarios pueden sufrir variaciones, por lo que se aconseja comprobarlos previamente.

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La Ruta del Modernismo de Barcelona es un itinerario por la Barcelona de Gaudí, Domènech i Montaner y Puig i Cadafalch, que junto con otros arquitectos hicieron de Barcelona la capital mundial del Modernismo. Con esta ruta podréis conocer a fondo impresionantes palacios, casas sorprendentes, el templo símbolo de la ciudad y un inmenso hospital, y también obras más populares y cotidianas, como farmacias, comercios, tiendas, farolas o bancos, y obras modernistas que demuestran que el Modernismo arraigó con fuerza en Barcelona y que aún hoy es un arte vivo y vivido.

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